miércoles, 17 de agosto de 2011

Después de leer ciertos textos que intentan vincular la cuántica y cosas parecidas con la espiritualidad...

...Se me ocurre que iniciarse en ciertas parcelas del saber suele aparejar una suerte de euforia mental y hasta espiritual, un verbo (o manera de decir) apropiado para la ocasión, casi siempre tan recargado como mal comprendido en sus justos y precisos términos y finalmente, si no se profundiza lo suficiente, una "sutil" decepción que se justifica ante la razón como una especie de "sabiduría adquirida en el viaje". Pero el cacao mental y la sabiduría tienen en común lo que una ventana y un submarino (ya, ya, el submarino puede llegar a tener ventanas, ser panorámicas y hasta recorrer 20.000 leguas bajo los mares)

Y es que algunos de los aspectos más abstractos de la ciencia moderna, pongamos por caso, requieren muchos años de entrenamiento y esfuerzo para ser aprehendidos de manera satisfactoria; largos periodos de tiempo para captar, si es que se hace, el sujeto de su gramática. Y con esto no estoy diciendo que, o se dominan los arcanos matemáticos de esas disciplinas o se carece de licencia para pensar sobre ellas. No, no es eso lo que digo, no desde luego.
A lo que apunto, más bien, es al número de personas que andan a tientas y sin luz por estos terrenos pantanosos, plagados de precipicios y pozos ciegos; gente que se aferra a cualquier tabla de salvación, incluso si es tan fantasmal como lo son unos cuantos quarks, juntitos y tomando birras en algún tugurio nuclear. Es decir, modas. Y sobre todo, confusión, mucha confusión. Y el mecanismo psicológico es simple: se establecen analogías y paralelismos, lo cual es bueno porque ayuda a pensar. Finalmente se mezcla todo y se construye una nueva religión, lo cual no es malo...siempre y cuando se sea consciente de ello (cosa que no suele ocurrir, por cierto)

No, a ver, hay muchos órdenes de explicación y significado, es más, el significado depende de la relación, a menudo sutil, que somos capces de establecer entre los significantes; una especie de relación sintagmática y hasta paradigmática entre los elementos de nuestra gramática; de nuestras estructuras lógicas. Reducir campos de significado, sentido y finalmente realidad a parcelas elementales es una tendencia felizmente superada, o al menos superada por los espíritus más lúcidos de entre los humanos. Quien así construye su pensamiento y por consiguiente sus creencias, reduce, aunque explique justo lo contrario. Y es que el asunto es mucho más profundo y maravilloso que lo implicado por estas mezclas sin sentido y estas reducciones tan infantiles. Quien se llena la boca con el "Uno", seguramente, lo conoce...de oídas.

Es bueno que estas cosas queden claras. Y si se quiere pensar y bucear en uno mismo, mejor hacerlo libre de formalismos, lastres, que sólo sirven para calentarse la boca (o los dedos y el teclado) y de paso hinchar un poco más, si cabe, ese ego que nos deja encantados de habernos conocido (ego, ese sí, que sólo estorba y nos garantiza ridículos "dialécticamente esplendorosos")
Del otro Ego, obviamente, no hablo. Ese es necesario y nos define como Individuos. Es la horma del zapato de cuantas filosofías caducas (se opone a perennes) predicaron su extinción.

*

"lo que en el lenguaje se expresa, nosotros no podemos expresarlo por el lenguaje.
Sobre mis proposiciones, el que entienda habrá salido a través de ellas, fuera de ellas"

Wittgenstein, Tractatus

Nota:

La cita se la debo a mi esposa, Mari, pozo vivo e inagotable de conocimientos clásicos y filosóficos. Gracias, amor mio, jeje...GUAAAAAAPA!!!!!

3 comentarios:

laindefensiónaprendida dijo...

Valaf, recojo el guante.
Un beso

Pedro Donaire dijo...

Bien dicho, Jordi, hay que desenmascarar a esos aprovechados que saben que utilizando un lenguaje pseudocientífico, como "entrelazamiento cuántico" o cosas así, se llevan de calle a una serie de incautos. Producen confusión y esperan una inmerecida notoriedad con fines lucrativos.
La espiritualidad (sin religión) la considero un bien inestimable de la humanidad.
Un saludo

Jordi dijo...

Comparto tu opinión, Pedro.
Mi respeto a la genuina espiritualidad es demasiado grande como para permitir que semejantes sinsentidos la empañen.
La Física Cuántica está llena de aspectos muy sugerentes, nos muestra una faceta de la naturaleza que choca con nuestro sentido común (sentido que es el resultado de una serie de interferencias estadísticas que nos atañen en cuanto seres macroscópicos que somos). Pero ello no quiere decir, tal y como muy bien dices, que las propiedades de una partícula subatómica sean aplicables a los humanos, es más, yo diría que lo que se puede aplicar a nosotros es muchísimo más sugerente y maravilloso que un triste efecto túnel, pongamos por caso.
Al final, la necesidad de muletas religiosas (que no espirituales) se adapta a los tiempos.

Un placer y un saludo.